100 años de las Expediciones de Walther Penck

February 7, 2013

Hace mas de 20 años que recorro los Andes de Atacama y desde siempre me llamó la atención la figura emblemática del explorador alemán Walther Penck (1888 – 1923) que la explorara entre 1912 y 1914.

Este científico, contratado por el gobierno argentino, cartografió la región y estudió las distintas formaciones geológicas que fue inventariando. A lo largo de su campaña también tuvo la oportunidad de ejercitar el alpinismo, práctica que había aprendido en las Dolomitas y el Monte Blanco unos años atrás. En la enormidad de los Andes aprendió que el andinismo trasvasaba los límites del deporte de los Alpes y el espíritu andino se apoderó de sus pensamientos e hizo que escribiera las primigenias páginas de una exploración que aún no había comenzado y que le permitió lograr los primeros ascensos del Incahuasi (6.638 m), San Francisco (6.018 m) y una de las cumbres del Bonete (6.200 m).

 

En octubre de 1912 llegó a Buenos Aires requerido por la Dirección Gral. de Minas, Geología e Hidrología de Argentina y a los pocos días cruzó la pampa en tren con destino a San Juan.

En esa ciudad andina comenzó su periplo el 29 de octubre de ese año viajando hacia los Bolsones de Tinogasta y Fiambalá (Catamarca) y en dos expediciones que se extendieron durante unos 17 meses estudió en detalle la Alta Catamarca, ascendiendo varios de sus altos nevados.

Al final de sus viajes supo escribir en su Diario “No creo que nadie venga en búsqueda de mis mis latas y tarjetas, depositadas en los cerros y nevados. En este país se habla del andinismo, pero no lo practican”.

Su afirmación fue cierta durante varias décadas, pero finalmente Sudamérica también se volcó al montañismo, aunque varios de los picos ascendidos por Penck aún esperan el segundo ascenso.

 

El mismo día, pero 100 años mas tarde

Habíamos previsto comenzar nuestro viaje el 29 de octubre de 2012, justo en el centenario del inicio de las exploraciones de Penck. Nos reunimos en Fiambalá (provincia de Catamarca) para partir a la cordillera y recorrer en parte el itinerario del alemán. Como correlato lógico al centenario el objetivo era explorar montañas que permanecieran vírgenes y también alcanzar algunas de las holladas por el Penck.

En esta primera parte de la expedición éramos tres,  Guillermo Almaraz, Eduardo Namur y Daniel Pontin.

Desde un campamento instalado en el paraje Pastos Largos a 3.270 metros planificamos los primeros ascensos. El primer objetivo fue el Cerro Los Taros (4.020 m) incluido en las cartas de principio de siglo como punto de quiebre entre las huellas que se dividían hacia la Tambería y hacia Chaschuil respectivamente. Luego de varias horas de esfuerzo alcanzamos la cumbre donde no hallamos rastros de ascensiones previas. Con este primer logro, nuestra idea de recordar a Penck en cumbres inexploradas, estaba en marcha. Como complemento en los días siguientes también logramos el primer ascenso del estético Cerro de los Manantiales (4.515 m) y el del Pastos Amarillos (4.130 m).

Unos días más tarde trasladamos el campamento a Las Grutas (4.020 m) para recorrer la zona norte del paso de San Francisco. En los primeros días de noviembre logramos el primer ascenso del Loma Larga (5.180 m) por la ladera oeste y filo SO. De acuerdo al plan original quedaba poco tiempo y decidimos terminar la expedición en uno de los nevados más representativos de la campaña de Penck: el San Francisco (6.018 m). Desde temprano comenzamos la escalada desde el paso a 4.700 m y ganando altura sobre la ladera norte alcanzamos poco después del mediodía la cumbre. En ese punto recordamos al explorador alemán y sacamos la misma fotografía del imponente Incahuasi que Penck publicó en su libro Puna de Atacama.

 

 

Segundo etapa: el mismo paisaje, distintos ojos

Para inicios de febrero de 2013 y coincidiendo con la primera exploración de Penck del valle de Chaschuil nuevamente partimos para Catamarca, en esta oportunidad junto con Eduardo Namur, Nicolas Pantaleón y Lelio Di Crocce.

Mientras con la 4x4 recorríamos la extensión del campo de Pillanhuasi vimos acercarse un arriero a caballo mientras corría a nuestro paso una tropa de vicuñas. Era el mismo paisaje de hace 100 años pero lo miraban distintos ojos.

Continuando con nuestro objetivo, nuevamente buscamos objetivos de exploración y así en los siguientes días logramos los primeros ascensos del Cerro Aguada de los Quirquinchos (3.980 m) y del Cerro Negros de Chaschuil (3.631 m). Días después alcanzamos el pico de Las Losas (4.127 m) hollado hacia 100 años por Walther Penck y hace unos años por el argentino Federico Indovina.

El clima empeoraba y las nevadas veraniegas complicaban las largas aproximaciones. Pese a estos, nuevamente nos instalamos en Las Grutas (4.020 m) para iniciar la parte más esperada de la expedición: el ascenso a dos cumbres vírgenes que superaban los 5.500  metros en la cordillera de San Buenaventura. En primer lugar se ascendió  el volcán Bolinder (5.626 m) nominado así en honor al austríaco Anders Bolinder, quien logró varias primeras en la zona y publicó extensos informes sobre la historia del andinismo.  Días después se unió a nosotros Pablo Coria y juntos emprendimos la escalada de otro volcán que alcanza los 5.504 m y que luego de ascenderlo lo nombramos Zacarías en honor a Zacarías Sánchez, el primer geógrafo argentino que trabajando para la Comisión internacional de Límites recorrió la zona en los últimos años del siglo XIX.

Ya de regreso y para finalizar la expedición homenaje decidimos ascender el Cerro Chaschuil (3.773 m), el primero que escalara Penck en la zona. Luego de recorrer su filo NO alcanzamos la cumbre donde encontramos una vieja apacheta (piedras apiladas) que quizás fueron colocadas allí hace 100 años.

El viaje de Penck duró casi un año y medio, todavía quedan varios meses para recordarlo, quizás emprendamos pronto otra expedición que busque revertir esa afirmación ya centenaria sobre que nadie buscará sus latas y tarjetas. No se si las encontraremos, pero seguiremos practicando el andinismo que él comenzó a delinear y todavía es posible practicar en los inhóspitos Andes de la Puna de Atacama.

 

 

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